Es notorio el cambio en las últimas fechas que ha evidenciado Independiente. Desde la llegada de Miguel Ángel Brindisi a la dirección técnica, el equipo parece otro. Si bien la primera prueba, contra Atlético de Rafaela, donde apostó a los jugadores experimentados a pesar que no venían jugando o demostrando un nivel bajísimo, fue desaprobada, parece haber encontrado el rumbo.
Siempre un cambio de técnico cuando los resultados no se dan apunta a descomprimir la situación, cambiar los aires dentro del plantel y renovar los ánimos. Jugadores que no eran tenidos en cuenta vuelven a pelear por un lugar, se aportan nuevas ideas y se consigue algo más de tranquilidad, tanto en la gente como en el plantel.
Brindisi, técnico campeón con Independiente en el 94, agarró un equipo para muchos descendido. Y dada la actitud en la cancha de algunos jugadores, para ellos también. Luego del fracaso en su primer partido en Rafaela, donde metió a jugadores como Battión, Hilario Navarro, o Tuzzio, quienes demostraron en reiteradas ocasiones que su ciclo en el club está terminado, optó por mezclar experiencia con juventud.
También cometió un error en los primeros minutos contra Argentinos Jrs. al mandar a Leonel Galeano de 3, y a Morel Rodríguez, lateral natural y zurdo, de central. Pero volvió sobre sus pasos y lo arregló a tiempo, cambio fundamental en el desarrollo del partido que ganaría Independiente por 3 a 1.
Contra Tigre y Lanús paró en la cancha un equipo ordenado, con los jugadores en sus puestos naturales, sin inventos. Un equipo que sin lucir presiona la salida del rival, marca bien en la mitad y se muestra seguro en el fondo. A los jugadores se los nota mejor anímicamente, y más tranquilos. Ganó bien en Victoria por 2 a 0 y se llevó un valioso punto del sur empatando 0 a 0 con uno de los punteros.
A los aciertos de mantener a Leonel Galeano en última línea e incluir a Fernando Godoy en el medio para ayudar al colombiano Vargas, se suma la aparición del juvenil delantero Adrián Fernández.
Resulta clave el aporte del goleador paraguayo en la levantada del equipo, que además de sumar movilidad y frescura a un ataque de Independiente anémico, patea al arco. Sí, patea al arco. Parece una obviedad, pero este equipo careció durante todo el torneo de jugadores que lo hicieran.
El Rolfi Montenegro, jugador que llegó como referente y el “encargado de salvar” al Rojo, no logró plasmar en la cancha una de sus principales virtudes que demostró en sus anteriores pasos por el club, la pegada.
Con un Farías irreconocible, apagado, sin ganas, sin rebeldía; un Caicedo que aporta mucho desde las ganas y el empuje, pero errático a la hora de definir; la aparición del juvenil Fernández le ha dado oxígeno y goles a un Independiente que parecía muerto.
Aún restan 6 fechas, que serán como hace tiempo se dice en Avellaneda, “finales”. Si bien Independiente no depende únicamente de sí mismo, también necesita que sus rivales no sumen, jugando así lo que hace un mes parecía imposible, hoy está más cerca.
Por Matias Arias (@maty_arias19)
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